Misión y Visión

Misión: Atender las necesidades espirituales de las personas que trabajan y transitan en el Microcentro.

¿Cuál es la misión actual de Santa Catalina?

Santa Catalina no es una parroquia. Es una comunidad de la Iglesia de Buenos Aires que depende directamente del Arzobispado, quien nos ha enviado para atender las necesidades espirituales de las personas que transitan en el Microcentro porteño.
Esta misión está alimentada por una visión: Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres. La Iglesia, cuerpo de Cristo, tiene que asumir este desafío. Dijo Jesús: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes”. En Santa Catalina aceptamos ser mediadores, esforzándonos en tener nuestra mirada y nuestro corazón atentos tanto a Él como a nuestros semejantes.

¿Por qué tenemos esta misión?

Porque la Iglesia creyó necesaria una pastoral y servicios acordes a aquellos que vienen de lunes a viernes al Microcentro. Santa Catalina les ofrece la posibilidad de vivir la fe y desarrollar su espiritualidad aún en medio de la jornada laboral.

¿Qué necesidades buscamos servir?

Santa Catalina quiere ser un espacio de encuentro con Dios. Que la mujer y el varón en busca de reposo, acogida, escucha, comprensión, puedan encontrarlos. También quiere ser un espacio de encuentro con las diferentes confesiones religiosas, con la cultura. Un espacio de Celebración y de Fiesta. UN OASIS DE PAZ, DE SILENCIO Y RECOGIMIENTO.

¿Cuál es la originalidad de Santa Catalina?

La acogida cordial y la escucha en medio de la ruidosa ciudad.
La Iglesia y el Monasterio están abiertos de lunes a viernes de 9 a 20hs.

¿Qué rasgos característicos queremos tener?

• Servicio: Cada uno de los que conformamos esta comunidad queremos ser servidores de quienes acuden con alguna necesidad espiritual. Queremos servir con calidad y calidez a todas las personas que se acercan a Santa Catalina.

• Escucha: Escuchar es oír atentamente, es aprender a amar el silencio exterior, condición previa al silenciamiento interior. Porque solamente cuando hacemos ese silencio somos capaces de escuchar; primero en la oración a Dios, y en segundo lugar, desde ese silencio a todas las personas.

• Alegría: Queremos que la alegría sea algo esencial en la manera de interpelar a quien entra en contacto con nosotros. No se trata de ser simpáticos, sino alegres. La alegría exterior es válida cuando refleja la alegría interior. La alegría brota de dar gracias a Dios en todo momento y en todo lugar.

• Paz: Queremos que las personas que entren en contacto con cualquiera de nosotros salgan pacificadas, y no nerviosas, malhumoradas, enojadas. Que venir a este lugar sea un abrevadero y un espacio donde saciar la sed de luz, verdad y vida, es decir, de Jesús.