
Somos una Comunidad de Servicio integrada por laicos, varones y mujeres, y sacerdotes, diocesanos y religiosos. Trabajamos en equipo, procurando que el rostro de la Iglesia sea tanto masculino como femenino, conjugando paternidad y maternidad.
Lo que verdaderamente nos mueve son palabras de Jesús.
Vengan a mi todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré
(Mt. 11,28)
Y en otra parte…
El que tenga sed, venga a mi; y beba el que cree en mí. De su seño brotarán manantiales de agua viva (Jn. 7, 37-38).
Queremos ser presencia viva de Jesucristo resucitado, asumir personalmente la herencia espiritual de entregar a los demás lo que hemos contemplado. Contemplar a ese Jesucristo vivo, que vino para que tuviéramos vida en abundancia; que no vino para juzgar, sino para salvar; que no vino para ser servidor, sino para servir, y entregar su vida en rescate de una multitud. Y contemplar también a miles de mujeres y varones, que con sus gozos y esperanzas, alegrías y tristezas, concurren al microcentro para trabajar ser cocreados con Dios del bienestar humano.





